De nuestra responsabilidad y nuestro poder como consumidores se derivan unas obligaciones que podrían resumirse en:
- Ser críticos con nuestro consumo y nuestra forma de vida, aplicando valores éticos.
- Exigir información e informarnos acerca de las condiciones sociales y medioambientales en las que un producto o un servicio ha sido elaborado, como ha llegado hasta nosotros y cuales son sus consecuencias.
- Reducir nuestro consumo, como opción ética y ecológica, optando por un modelo de bienestar y felicidad no basado en la posesión de bienes materiales, lo cual repercute tanto medioambiental como socialmente.
- Practicar un consumo respetuoso con la naturaleza, reduciendo, reutilizando y, por último, reciclando y consumiendo productos ecológicos y artesanos.
- Practicar un consumo solidario y socialmente justo, respetuoso también con las personas y las culturas, en el que por supuesto no existan la discriminación ni la explotación.
Las manifestaciones de la crisis social y medioambiental en todo el planeta son cada vez más visibles: todos los días encontramos ejemplos a nuestro alrededor o en los medios de comunicación del injusto reparto de la riqueza y el consiguiente aumento de la pobreza o de los efectos que el actual desarrollo insostenible tiene para la naturaleza. Serían innumerables los ejemplos, desde los fenómenos migratorios, hasta la deforestación o desertización, pasando por la explotación laboral (sobre todo de mujeres y niños) o el efecto invernadero.
Vivimos en una sociedad que favorece el consumismo, nos hemos convertido en la generación de usar y tirar. La publicidad nos bombardea con anuncios cuyo objetivo no es nuestro bienestar, sino hacernos engranajes de un sistema que reduce a las personas al papel de meros consumidores sumisos. Este modelo económico de producción y consumo tiende cada vez más a su agotamiento. Es impensable hacer frente a los problemas ecológicos y sociales que nos afectan sin detener la complicada maquinaria y estructuras que los producen: el neoliberalismo.
Como consumidores, último eslabón del sistema económico, tenemos una responsabilidad, pero también tenemos un poder, aunque si bien es cierto que mucho menor en relación a la primera. Con nuestra forma de consumir podemos influir en la marcha de la economía y del mundo de una forma directa. Un consumo consciente y responsable, orientado al fomento de actividades satisfactorias para la naturaleza y las personas es una gran contribución y un decisivo instrumento de presión frente al mercado.
El concepto de Consumo Responsable es muy amplio, como lo es la propia actividad de consumir. Podemos, sin embargo, sintetizarlo en tres bloques:
1.-Un Consumo Ético, en el que se introduzcan valores como una variante importante a la hora de consumir o de optar por un producto. Hacemos especial énfasis en la austeridad como un valor en relación con la reducción para un consumo ecológico, pero también frente al crecimiento económico desenfrenado y al consumismo como forma de alcanzar el bienestar y la felicidad.
2.-Un Consumo Ecológico, que incluye, por este orden, las famosas "erres" del movimiento ecologista: Reducir, Reutilizar y Reciclar, pero en el que también se incluyen elementos tan imprescindibles como la agricultura y ganadería ecológicas, la opción por la producción artesana, etc.
3.-Un Consumo Social o Solidario, en el que entraría también el Comercio Justo, es decir, el consumo en lo que se refiere a las relaciones sociales y condiciones laborales en las que se ha elaborado un producto o producido un servicio. Se trata de pagar lo justo por el trabajo realizado, tanto a gentes de otros países como a las más cercanas, en nuestro ámbito local; se trata de eliminar la discriminación, ya sea a causa del color de la piel o por diferente origen, o por razón de género o religión; se trata de potenciar alternativas sociales y de integración y de procurar un nuevo orden económico internacional.
La sociedad civil reconoce, que las empresas consideradas exitosas no son necesariamente aquellas que generan las mayores ganancias económicas para sus dueños o que cotizan en casa de bolsa, sino aquellas que demuestran además su liderazgo a través del responsable manejo de los aspectos sociales.
Para la comunidad, una empresa exitosa es sinónimo de una empresa socialmente responsable.
La Responsabilidad Social Empresarial es una filosofía que apoya el respeto por la ética, las personas, las comunidades y el medio ambiente. Es un conjunto de políticas, prácticas y programas que están integradas en todo el proceso de los negocios y de la toma de decisiones.
En otras palabras, las empresas son socialmente responsables cuando las actividades que realizan se orientan a la satisfacción de las necesidades y expectativas de sus miembros, de la sociedad y de quienes se benefician de su actividad comercial, así como también, favorecen el cuidado y preservación del medio ambiente.
Esta práctica propone entre otras cuestiones: fomentar prácticas éticas al interior de la empresa, velar por la coherencia entre las políticas internas y los estándares internacionales, fomentar la asociación de la empresa con los interlocutores sociales, animar a la empresas a adoptar un enfoque proactivo en relación al desarrollo sostenible, crear foros e incorporar prácticas de responsabilidad social a la acción gubernamental y participar en programas ambientales y de apoyo directo a la comunidad.
Este comportamiento es voluntario e independiente de sus obligaciones jurídicas empresariales.
Las empresas están aprendiendo que estas prácticas incrementan su productividad y crean una excelente imagen social de la compañía. Una estrategia efectiva de Responsabilidad Social Empresarial genera ganancia competitiva además de un impacto positivo en los aspectos sociales, económicos y ambientales, logra mejorar el posicionamiento de su producto o servicio y articula de una forma más eficiente a los equipos gerenciales y operativos.
Por esa razón todas las empresas están dejando de ver estas prácticas como algo exclusivo de las grandes corporaciones y están dándole importancia y lugar a este tipo de prácticas empresariales dentro de sus organizaciones.
¿Alguna vez te preguntaste de dónde salen las cosas que usamos y adónde van a parar después que las echamos a la basura?
Todas las cosas que hay en nuestra vida traen consecuencias sobre las comunidades a lo largo de todas las etapas que transitan: desde la extracción de recursos para fabricarlas, a su producción, venta, consumo y disposición. Sin embargo, la mayor parte de esto se oculta. La historia de las cosas -The Story of Stuff - presenta una mirada dinámica y fundamentada sobre el lado oculto de nuestros patrones de producción y consumo y hace un llamado a que nos unamos para crear un mundo más justo y sustentable. Les va a enseñar cosas y puede cambiar para siempre la forma en que ven las cosas.
La expresión compras verdes significa comprar de manera inteligente, adquirir productos que ayuden a conservar los recursos naturales, ahorren energía y eviten el desperdicio. Estas compras implican aprender acerca de todas las maneras en las que un producto puede afectar al medio ambiente durante su ciclo de vida. Los materiales que se usaron para la fabricación, la manera de utilizarlo, qué hacer con él cuando se agota su uso; todo para que se puedan hacer elecciones inteligentes.
El mercado ofrece una variedad infinita de productos dirigidos al consumidor en general. Para tomar una decisión acertada a la hora de escoger aquellos productos que fomentan un consumo sostenible, se necesitan unas pautas de selección.
Etiquetado
Se puede encontrar una amplia variedad de productos que están etiquetados como sostenibles. La oferta de estos artículos, sin embargo, no es tan grande como para cubrir todas las áreas del mercado. A esto se le suma el hecho de que una gran parte de la población no tiene conocimiento de la existencia y objetivo de estas etiquetas.
Así, e independientemente de la existencia de etiquetas especiales, en la descripción de cada producto se han incluido sugerencias y consejos de carácter general que deben tenerse en cuenta en la compra y el uso de los productos.
La ayuda más fácil a la hora de escoger un producto la ofrecen las etiquetas. Normalmente se sitúan en una parte visible del envase o en la publicidad y pueden estar como leyenda o dibujo representativo. En este análisis, las etiquetas fundamentales son aquellas que identifican a los productos sostenibles. Su objetivo es marcar la diferencia entre éstos y otros que ofrecen el mismo servicio, pero que no sirven para fomentar el consumo sostenible.